“Usted lector, lanzara sus propias hipótesis:
El calambre de su alma es la suma
Del amor leproso
Recitado como plegaria nocturna.”
Como buen comentador formado en cierta escuela partimos por invertir el genitivo de la oración que titula este libro. En este caso no es por destruir por medio del sarcasmo el significado original del título sino porque creo que este es un sentido que podemos postular al terminar de leer este libro. Tampoco es que esté haciendo un spoiler (como dicen ahora) del libro a comentar, sino que, en este complejo mundo de lecturas poéticas, estas deben intentar de ser tan originales en dar significado al tejido textual que se nos presenta, como lo intentan ser los bardos que los crearon. Incluso si incluyéramos la preposición A en la inversión del genitivo esta podría referir a una dedicatoria al propio satanás, quien acompaña a nosotros, lectores y bebedores.
Debo confesar
que mi postulación de sentido de este poemario está determinada por otros tres
libros que tratan sobre asuntos del demonio. El primero, La Hora del Diablo, de
Fernando Pessoa, que volví a leer hace muy poco, poeta portugués quien era muy
conocedor de estos temas e intimo amigo de Alister Crowley (luciferino quien
nadie puede desestimar). El segundo, El Matrimonio del Cielo y del Infierno de
William Blake, libro de cabecera de quien comenta. El tercero, El Paraiso Perdido,
de John Milton. A este últimos, quizás le debemos la visión moderna que tenemos
del origen del mal y la muerte en este mundo. El autor nos obliga también a que
tengamos como referente a Debord desde el primer epígrafe del libro, que es un
falso epígrafe; “seamos REFORMISTAS!!! Pidamos en la medida de lo posible”, pero
que es una marca de los tiempos que nos toca vivir (ya nadie piensa ni por
lejos en una revolución).
El libro
este dividido en tres partes: Vida, Pasión y Muerte. Sí, como si fuera una
referencia a esas series de la vida del nazareno que uno estaba obligado a ver
en dictadura porque no había otra cosa que hacer, pero en este caso está dedicada
a nuestro amigo infernal.
I. La Vida es una deriva psicogeográfica
por Santiago, capital del reino de chile. Ciudad que tiene lugares añosos donde
persisten construcciones de muros de “ADOBE” donde “las techumbres mugen / el
sufrimiento del zinc”. Recorremos calles donde existe una tensión entre “MIAMI –
LA HABANA”, entre un pasado y un futuro, donde se prefiere “morir de nostalgia”,
antes que de una esperanza. Respiramos un fracaso en una ciudad hostil y
policiaca, donde aun perviven rincones de humanidad en paisajes domésticos,
bares, chicherías o cocinerías grasientas donde la “perezosa melancolía /
dibuja quemaduras, en una pared ensangrentada”. El deambular por los suburbios
revela también otras tensiones donde tanto el sol como la lluvia castigan la pobreza.
Una ciudad que también “se seca” y seca la vida de sus habitantes. Entre estas
calles es donde va apareciendo La Sombra y El Diablo. Referencias musicales y a
otros poetas, también van guiando la tradición a que esta escritura pertenece y
que hacen menos áspera la lectura de esta primera parte.
II. La Pasión se centra en la figura del
Diablo. Tanto en esta como la primera parte hay una carga de figuras religiosas,
de santos, que despiertan un sentir gótico tercermundista. Decadencia, derrota,
sufrimiento. Homenaje (justo) a Gonzalo Millán y su correspondiente santificación
profana, a través de una referencia a su ZONAGLO (busquen y vean este artefacto
poético visual en la web). Como dije el Diablo es el protagonista de esta parte,
figura que acompaña al bebedor en camino a La Sombra, figura trágica que tomará
protagonismo en la tercera parte. En esta segunda parte, El Cachudo se emborracha,
esta con caña, se enamora, tiene una novia, lo exorcizan, quieren que no beba, mata
a dios, para finalmente retirarse a vivir entre sus ruinas. Un periplo lleno de
referencias religiosas, políticas y poéticas.
III. La Muerte, es la parte de este libro
dedicada a La Sombra. ¿Qué es La Sombra? El lugar donde no llega la luz
directamente? El contorno de la oscuridad? Poca luz? La cana? La muerte? La
noche? El invierno? La oscuridad? La cantidad de significados que podemos dar a
este nombre son muchos. Solo puedo dejar estas preguntas abiertas para que
ustedes busquen la respuesta despues de leer el libro.
El diablo,
generalmente, es a lo que llamamos mal, creador del sufrimiento y la muerte, que
es La Sombra, pero sin esta muerte no existiría la vida y sin el mal no existiría
el bien. Esta trascendente y eterna tensión es la que registran estos poemas escritos
por un bebedor-lector-autor que busca justicia en este mundo, para “amarte una
y otra vez hasta oírte reír”.
La
editorial Aplaudiendo El Fracaso es un proyecto que está trabajando en dar luz
a proyectos escriturales que directa o indirectamente vienen del submundo del
punk, más allá de lo que convencionalmente solemos relacionar con esta tan vapuleada
palabra. La primera edición está muy bien cuidada, en un tamaño que lo pueden
llevar en el bolsillo, en papel cuché, con ilustraciones propias, imágenes en
semitonos y un prologo delirante. Si no alcanzaron esta edición, éste primero
de agosto se lanzar la segunda en el bar Monterroso, en Santa Rosa… brindando
como siempre junto al Diablo y La Sombra.




















